Acerca de este cuaderno de notas electrónico


Querido Lector:

Te agradezco en todo lo que vale tu visita, y sé bienvenido. Eres mi invitado.

Pero no te equivoques: entras bajo tu propio riesgo y responsabilidad... 

Predicar para convencidos

Recientemente sintonicé el programa de Andrés Roemer en Proyecto 40 (con la esperanza de que inadvertidamente regalara becas para "La Ciudad de las Ideas"). Tenía varios comentaristas interesantes, entre ellos Ximena Urrutia, Óscar de la Borbolla... no los recuerdo a todos. Hablaban acerca de televisión: cultural, comercial, educativa... Pablo Boullosa mencionaba un estudio de mercado realizado para su programa "La dichosa palabra": su teleauditorio básicamente es de clase media, con educación superior, y con el hábito de leer. Mi admirado Boullosa se lamentaba de predicar para convencidos. Ese no es mi caso.

Doy por sentado que los primeros (¡pocos!) lectores de estas páginas serán mis conocidos y amigos, sobre todo aquellos que de alguna manera comparten mis intereses. No creo que yo vaya a convertir a nadie al "credo científico". Si se logra el objetivo de ampliar el círculo de lectores, estoy seguro de que ese crecimiento será a expensas de personas que ya están involucrados de alguna manera con el pensamiento racional. Si al final de la jornada descubro que a ninguna persona logré convencer de adherirse al método científico, no lo lamentaré.

¿Y de qué va a tratar?

Propondré en estas páginas pretextos para discutir diversas facetas de la visión naturalista del mundo.  Aunque confío en lograr variedad en los temas, estoy especialmente interesado en las ciencias biológicas, sobre todo en relación con la salud humana. No soy un experto en esta corriente ya no tan novedosa llamada (tal vez de manera incorrecta) "medicina basada en evidencias", pero espero que, paradójicamente, escribir sobre ella me obligue a conocerla cada vez mejor... No me hago ilusiones: tampoco soy experto en otras materias.

Obviamente, supongo que estas elecciones temáticas me llevarán a proponer de vez en cuando discusiones relacionadas con: pruebas diagnósticas, causas de enfermedades, y, tal vez, medidas terapéuticas concretas... asuntos peliagudos, si los hay. Aquí es donde preveo encontrar algunas resistencias y encono. No rehuiré reflexionar sobre otros temas con los cuales me sienta medianamente seguro... o sobre los cuales sepa yo tan poco que los comentarios de los hipotéticos lectores sean necesariamente enriquecedores para mí.

Las reglas del juego

Trataré que el conocimiento bien fundado, el método científico y la racionalidad sean siempre la norma. Esto quiere decir que, inevitablemente, habrá personas que lleguen a sentirse incómodas con el contenido de los textos o el tratamiento de los temas. Si las cosas salen como las planeo, no habrá de parte mía concesiones a la pseudociencia, a la irracionalidad o a lo sobrenatural... No voy a ofrecer disculpas por esto.

Si no aspiro a convencer a nadie... ¿para qué escribir?

Creo que el conocimiento científico es la herramienta de supervivencia más depurada que poseemos, la fuente de todas, todas nuestras comodidades y  lujos, la única probable solución a nuestros problemas... y, sí, la causa de no pocos de nuestros males. Espero abordar con cierta frecuencia algunos de esos aspectos negativos, preferentemente de forma muy concreta. No veo manera de hacer esto sin lastimar algunos intereses.

La gente de a pie, el ciudadano común, es decir, tú y yo, debemos tener algunas nociones acerca de ciencia si es que vamos a participar con provecho en el debate acerca de... qué se yo: los peligros de la internet, el calentamiento global, los riesgos de la obesidad, o la conveniencia de retirar tal o cual medicamento del mercado. Pero ciertamente no pretendo que quien jamás se ha acercado antes a esta forma y este método de conocer el mundo, comience a hacerlo a partir de la lectura de estos modestos textos. Espero que hacer hincapié en los aspectos grises, o negros, de la producción científica, no le sirva de pretexto a alguno para pensar que avalo las terapias alternativas o cualquier otra forma de pseudociencia.

Estoy convencido de que la ciencia es demasiado importante como para ser dejada solamente en manos de los científicos, los políticos y, sobre todo, los administradores de instituciones públicas o los gerentes de ventas de las privadas. Menos aún debe ser dejada en manos de charlatanes.

Si estos motivos no parecen suficientes, te ruego, lector, que pienses que escribo esta columna simplemente porque me da placer hacerlo.

Acerca del "respeto"

Sigo varias páginas electrónicas de personas racionales, científicas, apegadas a los hechos.... y en todas ellas es posible encontrar furibundos comentarios de ofendidos lectores que exigen que se "respete" su peculiar forma de ver el mundo...

Creo que las personas merecen respeto.

Pero no pienso lo mismo acerca de las opiniones de las personas.

Cuando uno se atreve a hacer públicos sus pensamientos, cuando los expone, hace exactamente eso: los somete al escrutinio de la capacidad crítica ajena. Si mi interlocutor ha sido honesto, y hay una concordancia entre el contenido de su mente y el sentido de sus palabras, veo una sola forma de honrar esa honestidad: despojar a sus opiniones de todo andamio y muleta, y ver si logran sostenerse por sí solas.

No veo descortesía alguna en pedirle al argumento ajeno, bellamente ataviado para la ocasión (la metáfora es de Mortimer J. Adler), que se despoje de su atuendo para explorarlo en detalle. Si hay dudas, la opinión expuesta debe someterse a las radiaciones del tomógrafo intelectual, incluso ser biopsiada, y hasta viviseccionada. Sólo un fuerte argumento mantendrá su coherencia y sobrevivirá.

Hay algo más: Creo que en este mundo globalizado es imposible obtener acuerdo universal acerca de lo que es "sagrado". La diversidad de puntos de vista que coexisten al mismo tiempo en el mismo modesto planeta y en los mismos escenarios virtuales sobrepasa mi capacidad de síntesis. Así que te ruego que no esperes que yo ocupe mi tiempo en elaborar un catálogo de temas "intocables" para cada uno de los hipotéticos lectores. Habrá asuntos, tratamientos, formas de exposición, opiniones mías, que molesten a más de uno.

Y desde luego, sé que recibiré comentarios indignados, exigiendo la reparación del "daño" provocado por el texto de un modesto opinador, o que éste se desdiga. Sólo por excepción contestaré comentarios de este tipo.

Derechos reservados

Me reservo los derechos sobre los textos de mi autoría. Pueden citarse, mencionando de manera completa la fuente y al autor. Lamentablemente, me reservo también el derecho de eliminar comentarios que contengan amenazas u ofensas.

(La idea de una entrada aclaratoria la tomé del excelente blog de Mauricio-José Schwarz. Confío en que mi tono y conceptos sean suficientemente diferentes de los suyos, como para conjurar la posibilidad de plagio. La metáfora de una obra intelectual como una persona elegantemente vestida proviene de Cómo leer un libro, de Mortimer J. Adler)

6 comentarios:

  1. buena propuesta ojala las discuciones sean muy ricas en todo el sentido de la palabra.

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  2. buena propuesta ojala las discusiones sean muy ricas en todo el sentido de la palabra.

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  3. Gaby:

    Te agradezco de todo corazón tu avidez. Espero estar a la altura. Yo también estoy ávido de recibir tus comentarios... Recibe un afectuoso saludo.

    Anónimo:

    Qué gusto leerte. Déjanos tu nombre, si no tienes inconveniente, la siguiente vez que comentes. Y sí, brindemos por la riqueza de contenidos. Pero si las siguientes entradas te parecen decepcionantes, por favor no dudes en escribirlo. Un saludo.

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  4. Gerardo, eres un seductor al escribir, me dieron ganas de ser argumento para ser despojada de mi atuendo y explorada a detalle.
    Disculpa mi atrevimiento y tambien que no te diga mi nombre pues mi esposo inevitablemente se pondria celoso de tu elocuencia y manejo del lenguaje.

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  5. Esa pluma tuya, siempre tan pulcra y contundente...no me queda más remedio que dejarme llevar por la sombra de tus palabras. Nos estamos leyendo!

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